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Doce monos

El Monty Phyton Terry Gilliam llevó a los cines en 1995 uno de los clásicos contemporáneos de la ciencia ficción, la controvertida 12 Monos. Confieso que para entender medianamente esta película he tenido que visionarla al menos tres o cuatro veces, y siempre me quedarán hilos por atar para terminar de comprenderla del todo. Mi último visionado ha sido con dos buenos amigos (Fer y Jesús). Tras él, tuvimos cerca de una hora de debate para cerrar una interpretación común que nos convenciera.

Sinopsis

12 Monos tiene su punto de partida en el año 2035. La humanidad ha sufrido el ataque de un virus mortal que ha terminado con la mayor parte de la raza humana, de la cual sólo ha sobrevivido un ínfimo 1% que se esconde en el subsuelo terrestre. Un grupo de científicos supervivientes realizan estudios sobre este virus y la posterior epidemia que originó en la población mundial. Para ello experimentan con los primeros viajes espaciotemporales. James Cole es un preso que, a cambio de una amnistía o una rebaja de su pena, se presta voluntario a realizar estos viajes temporales para así recoger datos que sirvan en los estudios que están llevando a cabo. El objetivo es trasladarlo al 1996, año en el que comenzó la propagación del virus.

Un mágnifico rompecabezas

12 monos tiene una estructura peculiar basada en un guión majestuosamente desarrollado calculado al milímetro. Pilles por donde pilles la película esta tendría sentido al suponer un interminable bucle (en el espacio, el tiempo y en los acontecimientos) que irá desvelando poco a poco y con sentido la aventura de James Cole. Para terminar de entender la película recomiendo leer este artículo de la Wikipedia que se encarga de descifrar la mayor parte de los interrogantes de la misma, esos mismos que debatíamos en casa tras haberla visto.

Los viajes en el tiempo han sido tratados innumerables veces desde la maquinaria de Hollywood (Regreso Al Futuro, Terminator, etc). Se partía de la base que cualquier modificación en el curso de los acontecimientos cambiaba para siempre la Historia. 12 Monos se sitúa en el polo opuesto. Defiende que los acontecimientos son inamovibles a pesar de que se quieran cambiar viajando a través del tiempo. De ahí la importancia de un guión bien estructurado que no deje cabos sueltos.

Gilliam propone un futuro sin excesivos alardes tecnológicos, y aunque se trate de un mundo más avanzado, hay algo tosco y barroco en toda esa maquinaria. Se vale de una estética anticuada, oscura y mugrienta para recrear esa realidad apocalíptica suburbana. Recuerda vagamente al peculiar aspecto de la trilogía de Mad Max.

Los productores, que no confiaban mucho en el éxito de esa paranoia que tenía Gilliam en la cabeza, propusieron un rostro con tirón popular para protagonizar la cinta como reclamo para la taquilla. De este modo, contaron con el siempre eficiente Bruce Willis, que desarrolló un papel protagonista muy apropiado a sus características, la bellísima Madeleine Stowe y un Brad Pitt que llegó a conseguir por esta película una nominación a los Oscar como actor secundario. Un reparto que se revalorizaría con el tiempo.

Una película diferente, única y con un prisma muy personal, que con el tiempo se ha convertido en uno de los títulos de culto que más han dado que hablar entre aficionados al género. Repudiada por unos y alabada por otros, me sitúo sin dudarlo en su pequeño grupo de admiradores. Una verdadera joya.

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