the road la pelicula

The Road, la pelicula

Las adaptaciones de novelas al cine, sobre todo de novelas famosas, siempre han sido un arma de doble filo. Más cuando el texto viene precedido de una fama notoria en base a sus cualidades literarias. Con The Road, las sospechas de una irregular adaptación venían más que fundadas. ¿Como traspasar la prosa de McCarthy, sobria y precisa, pero no exenta de reflexión a la pantalla?

John Hillcoat se atrevió a adaptar la novela usando como gancho a un actor de reconocido prestigio en el mundo del cine, Viggo Mortensen. El director tan solo había hecho antes un largometraje, “La propuesta” y enfrentarse a un proyecto de tal envergadura era, cuanto menos, una apuesta complicada. Supongo que, para no patinar, la propuesta, valga la redundancia, de Hillcoat se basa en copiar de manera milimétrica el mundo creado por McCarthy en su novela.

Con una producción y fotografía excelente, uno se identifica pronto con ese paisaje y la angustia existencial de los dos protagonistas, ese padre y ese hijo, tan necesarios el uno para el otro, tan recíprocamente dependientes. Porque la cinta habla, por si no lo sabían, de un mundo devastado, apocalíptico, totalmente quemado por unas tormentas de fuego. Aquí no existe teorías explicativas. Uno acepta el mundo que ha creado el autor y no pregunta, simplemente, sobrevive con los protagonistas. En ese dúo, es mucho más creíble Viggo Mortensen, que le gana la partida al chico, Kodi Smit-McPhee, a veces rayando lo inverosímil. Aún así, logran captar las líneas básicas de la relación existente en la novela, y la película sale bien a los puntos. El pequeño pero necesario papel de Charlize Theron logra plasmar una de las posibles reacciones ante el dilema de seguir o no apostando por esa vida.

Como en toda adaptación, hay leves pero significativas modificaciones. En este caso, la mención a los caníbales, que desvía la película hacia un terreno que no es el idóneo, pasando a ser casi “una de Zombies”. Teniendo material con el que tratar la condición humana y su instinto de supervivencia, el terreno del thriller apocalíptico se antoja demasiado banal. En la novela, McCarthy ni siquiera los menta como tal, caníbales. La película los nombra en la primera frase. Diferencia los buenos de los malos lo más pronto posible, quizás porque en el cine norteamericano es práctica habitual. Y eso, significa un lastre. De la ambiguedad, se hubiera nutrido bien la primera parte de la película, dónde el espectador podría haber descubierto el pastel junto a los personajes, y no saberlo de antemano.

Aún así, cada encuentro en la película supone un dilema humano, y los picos ascendentes son trasladados con acierto por Hillcoat y llevado a cabo por los actores. El final, a mi modo de ver, no rescata esa intensidad que consiguió McCarthy. Pero nada grave, la adaptación si no pasará a la historia del cine ni llega al personalísimo nivel de los hermanos Cohen con “No es país para viejos”, te hará pasar un buen rato. McCarthy puede estar satisfecho.

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