Memento

Memento

UN FASCINANTE GUIÓN PLAGADO DE SUGERENCIAS

Vayamos por partes: esta película es un gigantesco artificio, un malintencionado juego con el espectador… Dicho de otra forma: es cine del bueno. “Memento” parte de la premisa de desconstruir un relato contándolo hacia atrás. Esto es, comenzamos por el final y poco a poco vamos descubriendo los motivos y hechos que han llevado al protagonista a hacer lo que ha hecho. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. Este ha sido uno de los recursos más usados dentro del cine negro clásico.

Lo novedoso es que la historia, realmente se cuenta hacia atrás, es decir que cada secuencia que vemos es la inmediatamente posterior a la que seguidamente veremos lo cual exige un esfuerzo suplementario de atención al espectador, que si resiste los desconcertantes primeros minutos tiene asegurada una fascinante experiencia fílmica… y un sinfín de tertulias posteriores sobre las intenciones del autor, explicaciones posibles del argumento, etc. Tal es la capacidad que tiene “Memento” de producir interpretaciones diferentes en quien la ve.

Respecto a la narración inversa, se plantean diferentes preguntas: ¿Ganas de epatar al espectador?. ¿Adscripción al modelo Tarantino de narración fragmentada?. Ante todo, no otorguemos a Tarantino más mérito y poder de influencia del que realmente tiene ese copista sobrevalorado. La obra de Christopher Nolan no puede estar más alejada de los vacuos divertimentos del autor de “Pulp fiction”. Si hay algún tipo de paralelismo estético no sólo es deudor de la obra (más bien menor) del ínclito Quentin, sino de toda la corriente del nuevo estilo de trhriller de finales de los 90. Por otra parte, la fragmentación de las historias en el cine de Tarantino es un patético intento de aparentar complejidad narrativa donde sólo existe una narración lineal desordenada a posteriori. Nada más fácil.

Estructura pertinente
La estructura narrativa del filme de Christopher Nolan es más que pertinente. Responde a una necesidad y cumple una función expresiva clara y concluyente. La trama gira respecto a un personaje que, debido a un golpe, carece de la capacidad de crear nuevos recuerdos y pese a recordar todo lo anterior al momento en que se produjo su lesión, todas sus experiencias cotidianas las olvida al cabo de 15 minutos. Es incapaz de recordar un rostro, una conversación, un lugar, etc. Cada situación en la que se encuentra es nueva para él, no sabe como ha iniciado una charla, no sabe si le están persiguiendo o si es él el que persigue, no sabe cómo ha llegado a los sitios ni para qué. Al contarnos la historia en sentido inverso mediante esa especie de sucesión de flash forwards, dando dos pasos para atrás y uno para adelante en la narración, Nolan consigue sumirnos en el mismo estado de constante estupor y sorpresa que siente el protagonista.

Unida a esta desconstrucción del relato, Nolan nos ofrece otra trama paralela que avanza linealmente en la que, mediante una enigmática conversación telefónica, el protagonista (un ex-inspector del seguro) narra su experiencia sobre un antiguo caso: el de Sammy Jankins, un individuo que aparentaba padecer su misma enfermedad y sobre cuya autenticidad, él debía dictaminar. Cuando esta subtrama lineal se une en su desarrollo a la narración invertida principal todos los cabos se atan, todas las preguntas se responden y… dan lugar a otras nuevas.

Contestando preguntas, sugiriendo otras
Ese es el mayor mérito de “Memento” a mi juicio: que cerrando todos los flecos de la historia y contentando así a los aficionados a las historias de suspense al estilo Hitchcock que quieren que en ellas todo quede “atado y bien atado”, a la vez, plantea nuevos interrogantes (cuya respuesta ya es cosa del espectador) y fomenta interesantes discusiones por sus múltiples sugerencias. El final del filme no es ninguna gran traca final que aturde unos segundos con su resplandor vacío sino que es una carga de profundidad que remueve algo (¿quizás también olvidado?) en la mente del espectador.

Durante todo el filme, pensamos que el problema del personaje es que no puede recordar pero, poco a poco, la terrible verdad se va abriendo paso: lo que no puede es olvidar. Eso deja de convertirlo en una víctima en el sentido lastimero del término. Ya no es un enfermo (lo es pero, aún y con sus terribles limitaciones, ha conseguido vivir con su enfermedad) sino un ser torturado como cualquiera de nosotros.

El poder terapéutico de la mentira
De todas las interpretaciones posibles yo me quedo con esta: el ser humano para sobrevivir debe mentir. Y no solo a los demás (la cual es la menor de las mentiras) sino fundamentalmente a sí mismo. Para ello, es capaz de utilizar como bastón en que apoyar su mentira cualquier tipo de hecho (y una enfermedad discapacitante y además real sirve como báculo idóneo). ¿Qué pasa cuando ni eso es suficiente?. El personaje protagonista da con la clave al pronunciar una frase lapidaria: la memoria no es de fiar. Si nuestra mente es capaz de alterar con el tiempo el recuerdo del color de una habitación también lo es de alterar, deformar y adaptar datos y sucesos mucho más displacientes.

Cargado de reminiscencias (esa es la traducción literal de memento) tanto psicológicas como morales, no cabe duda que muchas de ellas ni siquiera serán intencionadas por parte del autor. Pero eso no hace sino engrandecer esta película. Si partimos de la base de que el cine (y cualquier arte, de hecho) no es sino un artificio y un conjunto de convenciones, que dicha farsa sea capaz de desvelar alguna verdad oculta ya es un logro en sí mismo… o al menos, lo es el hecho de que nos sitúe en la tesitura anímica adecuada para que reflexionemos (aunque sea mínimamente) sobre nosotros mismos y el mundo en que nos han dejado caer. Quien esto escribe, particularmente, no aspira a más al introducirse en la oscura sala de un cine.

Memento Trailer

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